San José Chiapa: cuando la oposición también tiene memoria selectiva

Hay algo que llama poderosamente la atención en el debate actual sobre San José Chiapa: la intensidad de la oposición frente a un proyecto que, al menos en su planteamiento, resulta considerablemente menos invasivo que el modelo de transformación territorial impulsado hace poco más de una década.

Vale la pena hacer memoria.

Cuando Rafael Moreno Valle decidió convertir a San José Chiapa en el epicentro de un nuevo polo industrial alrededor de Audi, no se trató simplemente de instalar una fábrica. El proyecto implicó infraestructura carretera, agua, servicios, vivienda, equipamiento urbano y la creación de “Ciudad Modelo”, concebida como una nueva ciudad alrededor de la planta automotriz. El propio gobierno estatal planteaba que San José Chiapa podía convertirse en una de las grandes ciudades del estado. 

En 2014, por ejemplo, se hablaba de una inversión de mil 300 millones de dólares de Audi y de la construcción de la planta sobre 400 hectáreas, acompañada de infraestructura pública para hacer posible el proyecto. 

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿dónde estaba entonces la oposición que hoy vemos?

No se trata de defender por decreto cualquier proyecto actual ni de minimizar las preocupaciones legítimas de los habitantes. Todo proyecto que pueda modificar el territorio debe someterse a estudios ambientales, sociales, económicos y de impacto urbano; debe escuchar a las comunidades y garantizar transparencia.

Pero tampoco podemos caer en una especie de amnesia colectiva.

La llegada de Audi y el proyecto de Ciudad Modelo representaron una transformación territorial mucho más profunda. El gobierno de Moreno Valle pretendía incluso atraer decenas de miles de habitantes y construir alrededor de la armadora una nueva centralidad urbana. La propia documentación oficial hablaba de viviendas, universidades, áreas verdes, centros deportivos, espacios comerciales y culturales. 

Paradójicamente, con el paso de los años, buena parte de aquellas expectativas no se materializaron. Diversos análisis han documentado la baja ocupación de Ciudad Modelo y las dificultades para convertirla en la ciudad dinámica que se había proyectado. 

Y esa experiencia debería servirnos para algo más que para hacer una crítica retrospectiva a Moreno Valle.

Debería servir para aprender.

El problema no es que San José Chiapa tenga proyectos de desarrollo. El problema sería repetir modelos que no incorporen suficientemente a la población local, que no generen beneficios directos para las comunidades o que no tengan una visión integral del territorio.

Por eso resulta válido preguntar por qué hoy existe una oposición tan contundente frente a un proyecto de economía circular que, de acuerdo con sus promotores, busca aprovechar residuos, generar actividad económica y agregar valor productivo, cuando frente a la transformación industrial y urbana de la época de Moreno Valle la resistencia política y social no tuvo la misma dimensión.

¿Es realmente una preocupación ambiental?

¿Es una preocupación por el territorio?

¿Es una legítima defensa de los habitantes?

¿O estamos ante un debate político en el que algunos actores han decidido que ahora sí deben colocarse del lado de la oposición?

Las comunidades tienen derecho a preguntar, exigir información y oponerse cuando consideren que un proyecto afecta sus intereses. Pero también tienen derecho a conocer sus beneficios. Y las autoridades tienen la obligación de explicar con absoluta claridad qué se va a construir, cuánto se invertirá, qué empleos generará, qué impactos tendrá, cómo se mitigarán y qué beneficios concretos recibirá San José Chiapa.

La discusión no debería ser proyecto sí o proyecto no.

Debería ser: ¿qué proyecto necesita San José Chiapa para que el desarrollo realmente se quede en San José Chiapa?

Porque ahí está la gran lección de Ciudad Modelo: no basta con llevar una enorme inversión a un territorio. Hay que lograr que la población local participe, se beneficie y haga suyo el proyecto.

San José Chiapa ya fue escenario de una transformación de enormes dimensiones. Audi llegó, Ciudad Modelo se construyó y se gastaron recursos públicos para crear un nuevo polo urbano e industrial. Hoy sabemos que las expectativas fueron mucho mayores que los resultados en materia de ocupación urbana.

Por eso, quienes hoy cuestionan cualquier nuevo proyecto tienen razón en exigir rigor, transparencia y participación.

Pero quienes entonces guardaron silencio (o incluso aplaudieron aquella transformación) también deberían explicar por qué ahora su vara es diferente.

La defensa del territorio no puede ser selectiva.

La protección ambiental no puede depender del partido que gobierna.

Y el desarrollo tampoco puede convertirse en una palabra prohibida cada vez que cambia el color político.

San José Chiapa necesita memoria, no amnesia; debate, no dogmas; y desarrollo, pero un desarrollo que deje beneficios reales a sus habitantes.

Porque quizá la verdadera pregunta no sea quién se opone hoy.

La verdadera pregunta es por qué no nos opusimos (o por qué no exigimos más), cuando la transformación fue mucho más profunda.

Acá entre Nos, también de eso se trata hacer memoria.

**El Autor es municipalista

Correo electrónico: gabriel.lopez@ideasac.org.mx

Artículo Anterior Artículo Siguiente