Has muerto camarada…

El encierro, la pandemia, los muertos, modificaron todo, sueños, destinos, soledades, matando no sólo gente, sino los planes, bodas, viajes, nuevos retos.

La salida: la red, que atrapa, que domina, que hipnotiza y seduce, la que nos hizo vivir nuevas experiencias de soñar en lugares lejanos y vernos allí, aunque fueran figuras mal hechas y borrosas. 

Los negocios, el comercio evolucionaron se volvieron más cercanos, entre el saludo y la carita feliz de la bolsa, se notaban las ganas por salir de la pandemia, de sobrevivir ante

la estulticia de un gobierno, sin sentido hacia lo inmediato y humano.

Meditaciones, reflexiones y expiaciones del conocimiento

Ante el no saber qué hacer ante una pandémica por parte de los gobiernos como sucedió en la reacción ciudadana del terremoto de 1985 en la ciudad de México.

El salir, el pensar en que la gente se volvería a ver en dos semanas después, se tornó en una soledad que los jóvenes y todos resintieron.

El temer el saludo, el verse, las reuniones eran por si mismas un peligro para todos por el temor de quien nos saludara no se cuidará en otro espacio, el estornudo lejano ya se veía como peligro y la gente se le alejaba.

Una pandemia que se manejó sin el cuidado suficiente sobre las decisiones de un estado mismo, el secreto, los recursos, el monopolio de poder y hasta lo inhumano salió a flote por la oportunidad de poder y muerte en las calles.

El mercado busco su propia auto regulación y muchos otros se excedieron con la complicidad de los gobiernos mismos, donde el mercado fue mas fuerte que los valores humanos y la salud comunitaria, era la oportunidad de hacer dinero, dijeron ellos.

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