Volkswagen: ¿qué sería de Puebla si no existiera?

Hay empresas que fabrican productos y otras que transforman la economía de una región. Volkswagen pertenece a la segunda categoría. Su presencia en Puebla no se mide únicamente en automóviles producidos o exportaciones realizadas, sino en miles de empleos, familias, proveedores, comercios y empresas que dependen directa o indirectamente de su actividad.

Desde su instalación en Cuautlancingo, a mediados de la decada de los 60, del siglo pasado, Volkswagen se convirtió en uno de los pilares de la industrialización poblana. A su alrededor creció una extensa cadena de valor integrada por fabricantes de autopartes, transportistas, empresas de logística, servicios especializados y pequeños negocios que encuentran en esta industria una fuente de ingresos.

Por eso, vale la pena plantearnos una pregunta: ¿qué pasaría con Puebla si Volkswagen no existiera?

La respuesta es contundente: tendríamos una economía diferente, con una menor capacidad manufacturera, menos integración a determinadas cadenas internacionales de suministro y una trayectoria industrial distinta.

Si mañana cerrara la planta, el primer impacto sería laboral. Miles de trabajadores perderían sus empleos y numerosas empresas proveedoras enfrentarían dificultades para sobrevivir. Después vendrían los efectos en cadena: menor consumo en comercios, restaurantes y servicios; reducción de inversiones; presión sobre las finanzas públicas y una crisis económica que afectaría a buena parte de la zona metropolitana, y por ende el aumento de la delincuencia.

No desaparecería la economía poblana, pero sí perdería uno de sus principales motores de crecimiento. Además, se pondrían en riesgo conocimientos técnicos, capacidades productivas y relaciones comerciales construidas durante décadas.

Sin embargo, reconocer la importancia de Volkswagen no significa ignorar los riesgos de depender demasiado de una sola industria. La transformación de la manufactura automotriz, la electrificación, la automatización y los cambios en los mercados internacionales obligan a Puebla a prepararse para nuevos escenarios.

El desafío no consiste solamente en conservar las inversiones existentes, sino en aprovecharlas para fortalecer a las empresas locales, impulsar la innovación tecnológica, vincular a las universidades con el sector productivo y diversificar la economía hacia actividades como las tecnologías de la información, la agroindustria, la logística y los servicios especializados.

Aquí también tienen una responsabilidad los gobiernos estatal y municipales. La competitividad industrial requiere infraestructura, seguridad, movilidad, servicios públicos eficientes, ordenamiento territorial y certeza jurídica. No basta con tener una gran fábrica si su entorno enfrenta problemas de planeación, conectividad o disponibilidad de servicios.

Volkswagen es mucho más que una empresa instalada en Puebla: es parte de la estructura económica y social que hemos construido durante generaciones. Su permanencia importa, pero también importa lo que hagamos con las oportunidades que representa.

Acá entre Nos, el verdadero reto no es imaginar una Puebla sin Volkswagen, sino construir una Puebla que sepa aprovechar su presencia para generar nuevas inversiones, empleos de calidad y empresas más competitivas.

Porque una economía fuerte no es la que depende de una sola fábrica, por importante que sea, sino la que convierte sus fortalezas actuales en oportunidades para el futuro.

** El autor es municipalista

Correo: gabriel.lopez@ideasac.org.mx 

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