No consigo aceptarlo. No consigo prescindir de la idea de que nuestra existencia dependa de unos pocos, de los hermosos sueños o de los caprichos de unos pocos, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocos.
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Una vez allí era un juego tocar la verdad y descubrir que ni siquiera un criterio selectivo justificaba su poder: quien determina nuestro destino no es realmente mejor que nosotros, no es más inteligente, ni más fuerte ni más iluminado que nosotros.
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Quizá porque no comprendo el poder, el mecanismo por el cual un hombre o mujer se sienten investidos o se ven investidos del derecho de mandar sobre los demás y de castigarles si no obedecen.
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Al soberano despótico no se le puede controlar y mata tu libertad.
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La desobediencia hacia los prepotentes la he considerado siempre como el único modo de usar el milagro de haber nacido.
ORIANA FALLACI, periodista (Prólogo de "Entrevista con la Historia", 1974).

