Mi padre cumplió 85 años de edad, el domingo.
Falleció en La City, pero está vigente entre sus lecturas, charlas y recuerdos.
De la nada, lo que llamamos pobreza, creció hasta culminar su carrera laboral como un gran ejecutivo.
En Sonora, por cierto.
Es un padre ejemplar, pues lo tengo siempre a mi lado, aprendiendo de él, aún.
Como el poeta André Suares, practicó una vaguedad elegante, trabajadora y respetuosa, como mi madre lo reconoció siempre.
Don Adolfo.
No requiere de homenajes.
Es sólo mi padre.
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(Por cierto, 60 años después, descubrí que su fecha real de nacimiento fue un 18 de septiembre.
Cosas de nuestras vidas)
