Hay lemas que se vuelven compromisos sin que sus autores lo adviertan. “Capital Imparable” fue presentado como una declaración de principios para gobernar Puebla capital: una ciudad dinámica, moderna, ordenada y capaz de avanzar.
Pero a estas alturas de la administración de Pepe Chedraui, la pregunta resulta inevitable: ¿imparable hacia dónde?
Porque una ciudad no se transforma solamente con anuncios, recorridos, programas emergentes o cientos de miles de baches reparados. Una ciudad se gobierna con planeación, prioridades, capacidad técnica y, sobre todo, con una visión de largo plazo.
Y ahí está una de las principales debilidades que se observan en el gobierno municipal: la falta de una agenda urbana que permita anticiparse a los problemas en lugar de reaccionar cuando ya se encuentran encima de la ciudadanía.
El caso de los baches es quizá el ejemplo más evidente.
El Ayuntamiento ha informado que durante la administración se han realizado cientos de miles de intervenciones y que solamente en 2026 se proyectaron recursos por alrededor de 200 millones de pesos para rehabilitación vial.
Pero cuando una administración presume como logro fundamental tapar una cantidad extraordinaria de baches, también debería preguntarse por qué la ciudad produce tantos.
Gobernar no puede reducirse a reparar permanentemente los efectos de un problema.
La verdadera política pública consiste en atacar sus causas.
Puebla necesita mantenimiento preventivo, renovación de carpetas, drenaje pluvial eficiente, coordinación con Agua de Puebla, ordenamiento de obras y una programación territorial que determine dónde intervenir primero y por qué.
No basta con tapar el hoyo si unos meses después vuelve a aparecer.
El problema no es solamente de obras
El segundo error es confundir obra pública con desarrollo urbano.
Puebla capital tiene problemas mucho más complejos: movilidad, crecimiento desordenado, transporte público, estacionamiento, agua, drenaje, seguridad, recuperación de espacios públicos, expansión urbana, juntas auxiliares, medio ambiente y una relación cada vez más complicada con los municipios de la zona metropolitana.
Eso exige una visión metropolitana.
No podemos seguir pensando que Puebla termina en los límites administrativos del municipio cuando diariamente miles de personas entran y salen de la ciudad desde San Andrés Cholula, San Pedro Cholula, Cuautlancingo, Amozoc, Coronango y otros municipios.
El tráfico no conoce fronteras municipales.
Tampoco la contaminación, el agua, los residuos, la movilidad ni el crecimiento urbano.
Por eso sorprende que una administración que gobierna la capital del estado no haya colocado con mayor fuerza la agenda metropolitana en el centro de su proyecto.
Gobernar es anticiparse
Otro de los problemas que debe señalarse es la falta de previsión.
Una administración municipal debería saber desde el primer día cuáles son las vialidades prioritarias, dónde están los puntos críticos de inundación, cuáles son las zonas con mayor crecimiento urbano, dónde se requiere infraestructura hidráulica, qué juntas auxiliares presentan mayores rezagos y qué obras tendrán impacto regional.
Eso no se improvisa.
Se construye con diagnósticos, indicadores, proyectos ejecutivos y una cartera de inversiones multianual.
Incluso el propio gobierno municipal ha hablado de “orden y planeación” como parte de su discurso institucional.
El problema es que la planeación no puede ser solamente un concepto utilizado en los comunicados.
Tiene que reflejarse en el territorio.
Y está el asunto de los 440 millones
La decisión de recurrir a financiamiento para obra pública obliga todavía más a una discusión seria sobre prioridades.
En agosto de 2026, el alcalde reconoció que el proceso relacionado con el crédito de 440 millones de pesos podía generar ajustes en la planeación de las obras y que posteriormente se precisarían los proyectos que serían financiados.
Aquí está uno de los puntos centrales:
Primero se planea y después se busca el dinero.
No al revés.
Si una ciudad necesita endeudarse para resolver sus rezagos, cada peso debe estar vinculado a un proyecto estratégico, con indicadores de impacto, calendario, población beneficiada y mecanismos de evaluación.
El crédito no debe convertirse en una bolsa para apagar incendios.
Debe servir para transformar la ciudad.
Puebla merece más
Ser presidente municipal de Puebla no es gobernar cualquier municipio.
Es gobernar la capital del estado, una ciudad Patrimonio de la Humanidad, uno de los principales centros económicos, universitarios, turísticos y culturales de la región y el corazón de una zona metropolitana que enfrenta problemas cada vez más complejos.
Por eso la vara debe ser más alta.
A Pepe Chedraui no se le debe exigir solamente que tape baches, repare calles o inaugure obras.
Se le debe exigir que deje una ciudad mejor planeada que la que recibió.
Que exista una estrategia para los próximos 10, 20 y 30 años.
Que las juntas auxiliares tengan una política integral de desarrollo.
Que la movilidad deje de resolverse con parches.
Que el agua sea parte de la agenda urbana.
Que las obras tengan continuidad y no dependan del calendario político.
Que cada peso invertido tenga una razón técnica.
Y que el Ayuntamiento vuelva a recuperar algo que en ocasiones parece haberse perdido: la capacidad de pensar la ciudad antes de que la ciudad obligue al gobierno a reaccionar.
“Capital Imparable” quedó corto.
Porque Puebla sí es imparable.
La pregunta es si su gobierno está avanzando a la misma velocidad que la ciudad.
Y si no cambia la lógica de reacción por una verdadera cultura de planeación, el riesgo es que el lema termine describiendo no al gobierno municipal, sino a los problemas de Puebla: baches imparables, tráfico imparable, crecimiento urbano imparable y rezagos imparables.
Acá entre Nos, Puebla necesita otra cosa. “Necesita un gobierno que no solamente corra detrás de los problemas, sino que tenga la capacidad de verlos venir”.
** El autor es municipalista
Correo: gabriel.lopez@ideasac.org.mx
