Puebla Capital a través de sus 496 años de existencia, ha tenido a lo largo de su historia a 17 Santos Patronos. El único recordado actualmente es San Miguel Arcángel. Tal vez estos recuerdos paganos y religiosos deben ser tomados en cuenta en la celebración de los 500 años de su fundación.
Las figuras de la Iglesia Católica, se encontraban ligados a
su acto de fundación y aparecían menos como protectores de la comunidad urbana
que como expresión de su identidad. Sus fiestas anuales daban lugar a verdaderas
fiestas cívicas con toda la comunidad.
De manera significativa y sin parangón entre otras fiestas
patronales, el desarrollo de éstas ceremonias y sus procesiones se regía
entonces por un orden inmutable y que hacía del Ayuntamiento y del Regidor
designado como Alférez del Año, el personaje central de la fiesta.
Al menos dos factores favorecieron la multiplicación de
estas elecciones, primero, la diversidad de las amenazas susceptibles de poner
en jaque a los frágiles equilibrios urbanos y segundo, la variedad de los
actores interesados en la promoción de nuevos santos patronos.
Por ello, el primer Santo Patrono de su fundación en 1531 es
San Miguel Arcángel, vencedor de Satanás y defensor de la cristiandad, así
sucedió en Puebla, a raíz de un sueño del Obispo Julián Garcés.
La lista sigue con San Sebastián en 1545, San José por 1580,
Santa Bárbara en 1611, la Inmaculada Concepción en 1616, Santa Teresa de Jesús
en 1618, San Roque en 1624, San Felipe de Jesús en 1631 y Nuestra Señora la
Conquistadora en 1631.
Continuaron San Francisco Xavier en el año 1665, Santa Rosa
de Lima en 1673, San Juan de la Cruz en 1728, Nuestra Señora de Guadalupe en
1737 y antes en 1675, Santa Gertrudis en 1747, los Santos Inocentes también en
ese año de1747, San Nicolás Tolentino en 1753 y finalmente San Francisco en
1754.
Respecto a la selección del Patrono a cargo del Ayuntamiento
en turno se comenta que las borrascas aparecen como el más temible de todos los
peligros. Puebla, para tener un intercesor encargado de alejarlas, se dirige
primero a San José y después a Santa Bárbara, quien es eficaz contra la
borrasca y la muerte prematura y San Sebastián contra la peste.
Por lo demás, la elección de un santo nunca está determinada
completamente por la especialización que se le atribuye y su elección puede ser
el resultado de diferentes procedimientos como la asociación del santo del día
con el suceso histórico cuya fecha coincide con su fiesta y el sorteo, muy
socorrido en el siglo XVI. La técnica del sorteo perduró, pero las dos grandes
ciudades de México y Puebla, dejaron de recurrir a ella pasados los comienzos
de siglo XVII.
Antes de 1580, San José se convierte en el primer protector
de Puebla contra las tormentas. Puebla pide después a San Nicolás Tolentino que
la protegiera de los temblores de tierra. En 1616, el éxito fulgurante de la
devoción a la Inmaculada Concepción parece responder a la demanda de una élite
social preocupada por afirmar su hispanidad. En 1618, la elección simultánea,
en México y Puebla, de Santa Teresa de Ávila se hizo a partir del momento en
que los ediles conocen la voluntad real de hacerla como Patrona de la Fe.
San Francisco Xavier, popular y fuertemente sostenido por
los jesuitas como santo misionero, se acercaba a los apóstoles de la Iglesia
primitiva, es Patrono en 1665. Puebla, en 1673, tras haber recibido la noticia
de la canonización de Santa Rosa de Lima y su elevación al título de Patrona de
Indias, la eligió como su Patrona particular.
San Juan de la Cruz debía su éxito a las visiones de la
madre Isabel de la Encarnación, mientras que Santa Gertrudis fue elegida a
solicitud del obispo Domingo Pantaleón Alvares de Abreu, devoto suyo. La
elección de los Santos Inocentes fue una recompensa que la ciudad otorgó al
Prefecto del Hospital Nuestra Señora de Belén. San Roque, elegido en 1624,
estaba bastante olvidado 50 años después.
San José, tempranamente encomendado a la defensa de la Ciudad
contra las tormentas, no pudo con la competencia de Santa Bárbara. El 13 de
agosto de 1611, cuando la estación de lluvias, la ciudad, afectada por
violentas tormentas, renovó el Patronato de San José.
En 1747 es el año del Patronato Universal de la Guadalupana
como en toda la Nueva España. En 1754, mientras en Puebla hacía estragos la
epidemia de matlazáhuatl, tifus o peste, el Cabildo acudió a San José en enero
de 1737 y a San Sebastián en junio de 1737.
Puebla, hace sus cuentas y entre la fecha de sus fundaciones
y 1769, sus diferentes fiestas patronales le habían costado más de 75 mil pesos
y se pensó que la suma era excesiva. Por ello, el Visitador de la Corona Real
suprimió 6 de esos patronatos y se eliminaron las fiestas de Santa Teresa, San
Felipe de Jesús, San Francisco Xavier, Santa Rosa, San Juan de la Cruz y San
Nicolás Tolentino. Al paso del tiempo, en Puebla se consolidó la figura de San
Miguel Arcángel.
Los datos anteriores se consignan en el estudio Los Santos
patronos de las Ciudades del México Centra, Siglos X y XVII, elaborado por
Fierre Ragon de la Universidad de Rouen en Francia.
LA VERSIÓN DEL INAH
El Historiador del Centro INAH Puebla, Jesús Peña Espinosa,
explicó hace algún tiempo el asunto de los 17 santos patronos y de la correspondencia
público-sagrada que, legalmente, regía a los poblanos de antaño y que
curiosamente, no ha sido cancelada según consta en archivos.
"Hay que imaginar que en un sólo año y junto a las
festividades mayores, debían realizarse 17 conmemoraciones en honor de los
santos patronos. Cada una implicaba para el Ayuntamiento el pago de la fiesta y
la limpieza de las calles por las que pasaría la procesión y obligaba a la
gente a adornar sus casas y vestir sus mejores galas".
En una exposición de 2017, titulada Protección para los
Ángeles, Los Santos Patronos de la Ciudad de Puebla, que se exhibió en el Museo
de Arte Religioso del ex Convento de Santa Mónica, Peña Espinosa explora cómo
el Gobierno de Puebla tenía acuerdos sagrados y legales con santos patronos.
Explica que estas leyes de protección aún existen en
archivos legales. Las autoridades civiles tenían la obligación legal de
organizar 17 fiestas mayores al año para los santos protectores. Los vecinos
debían limpiar las calles, decorar sus fachadas y vestir ropa de gala para las
procesiones.
Bajo la tradición católica de invocar el auxilio de los
santos, de la Virgen María y de Jesucristo, contra los desastres naturales y
las asechanzas del maligno, durante la época novohispana los habitantes de Puebla
y su Ayuntamiento realizaron la elección o recepción de santos que protegieran
a la ciudad.
Se establecía un contrato entre los habitantes y el
personaje sagrado, lo que llevó a la formación de un cuerpo de patronos. Cada
santo estaba comprometido a evitar que los rayos, la peste, los temblores o los
demonios dañaran a los poblanos; a cambio de ello, la ciudad contribuía a la
realización de sus fiestas, pagaba parte de las ceremonias y engalanaba la
ciudad para dar realce a la procesión.
A finales del siglo XVIII algunas obligaciones fueron
cuestionadas por el propio Ayuntamiento y después de la independencia
paulatinamente se fue enfriando la costumbre, mientras que las autoridades
civiles dejaron de participar en las fiestas.
En fin, como dicen en España, en un poema a San Miguel
Arcángel:
San Miguel Arcángel,
guardián de los cielos y protector,
cuando el demonio dijo quien como yo,
tu respondiste quien como Dios,
tienes en tu pecho armadura de acero,
son tu espada y escudo de fuego.
