“Frecuentemente
la verdad suele ser lo contrario de los rumores que circulan acerca de los
sucesos y de las personas.”
Jean de La Bruyere (1645–1696)
La Bonita y la teoría del rumor como mérito
Si algo hay
que reconocerle a Gaby “La Bonita” Sánchez es su confianza. No cualquiera se
atreve a sugerir que los rumores que la colocan en el tablero electoral de 2027
son consecuencia directa de su extraordinario desempeño al frente de la
Secretaría del Deporte
y la Juventud.
Hace falta una mezcla
muy particular de autoestima política y optimismo administrativo para llegar a
semejante conclusión.
Bajo
esa lógica, los rumores ya no serían especulaciones políticas, sino una especie
de reconocimiento oficial al talento administrativo. No harían falta
indicadores, resultados contundentes ni evaluaciones independientes: bastaría
con escuchar los pasillos del poder.
El
problema es que en política los rumores suelen hablar más de aspiraciones y
estrategias que de logros. Convertirlos en prueba del éxito es como asumir que
aparecer en las quinielas te convierte automáticamente en ganador.
Entre
la promoción personal y la rendición de cuentas, la política suele confundir la
popularidad con el desempeño: porque una cosa es que hablen de ti para 2027 y
otra muy distinta que los resultados de tu gestión sean la razón. La
popularidad es una percepción, la propaganda es una herramienta.
¿Operación cicatriz o simple café entre
amigos?
En
política no existen las casualidades, y mucho menos cuando las reuniones
ocurren lejos de los reflectores. Por eso llama la atención el encuentro
«privado» —esa elegante forma de decir que no querían fotos ni preguntas
incómodas— entre la senadora Liz Sánchez y el director de Comunicación Social
del Ayuntamiento de Puebla.
La
pregunta es inevitable: ¿qué hacía un funcionario encargado de la comunicación
institucional sentado con una política que ya levantó la mano para competir por
la alcaldía de Puebla? Porque Liz Sánchez ya no oculta sus aspiraciones. La
dirigente petista ha dejado claro que quiere gobernar la capital y cada
movimiento suyo debe leerse en clave electoral.
Quizá
Ricardo Gutiérrez ya esté enterado de que una de las asistentes a la reunión
aspira precisamente al cargo que hoy ocupa su jefe político. O quizá no. En
cualquier caso, resulta curioso que la oficina encargada de cuidar la imagen
del Ayuntamiento parezca más interesada en cultivar relaciones con futuros
proyectos políticos que en explicar los problemas cotidianos de la ciudad.
La
reunión también abre otra interrogante: ¿está dispuesto Pepe Chedraui a
convertirse en un aliado involuntario —o voluntario— de las aspiraciones de Liz
Sánchez? Porque cuando funcionarios municipales de primer nivel aparecen en la
órbita de una precandidata, los rumores dejan de ser rumores y comienzan a
parecer señales.
Y por si
faltaran ingredientes, también estuvieron presentes miembros de medios de
comunicación. ¿Coincidencia? Tal vez. Aunque en
Puebla
las coincidencias
suelen tener agenda, estrategia y hasta minuta. La duda es si estamos viendo
una simple reunión de cortesía o los primeros trazos de un frente
mediático-político destinado a impulsar la candidatura de la senadora.
Lo cierto
es que ni
Liz Sánchez
ni el área de
Comunicación Social del Ayuntamiento parecen muy interesados en disipar las
sospechas. Y cuando la transparencia brilla por su ausencia, la especulación
ocupa rápidamente su lugar.
Porque
en política, cuando una reunión es verdaderamente irrelevante, nadie se
preocupa por ocultarla, las coincidencias suelen tener más estrategia que
casualidad.
@OlegarioRoldan
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