Fernando Incháustegui
Vecinos de la colonia
Manantiales denuncian que empresas textiles aprovechan la noche para verter
químicos que tiñen el agua de colores, mientras el municipio se integra al plan
de rescate de la cuenca del Atoyac.
El Río Rabanillo, uno de los afluentes más importantes que cruza la zona metropolitana de Puebla, se ha convertido en el epicentro de una doble crisis para San Pedro Cholula: por un lado, el riesgo inminente de inundaciones ante la temporada de lluvias; por el otro, una añeja contaminación industrial que los vecinos describen visualmente como el "efecto arcoíris".
A pesar de que el gobierno municipal, encabezado por la
alcaldesa Tonantzin Fernández, anunció recientemente una coordinación con la
Comisión Nacional del Agua (Conagua) para intervenir el cauce como parte de la
estrategia estatal de saneamiento de la cuenca del Atoyac, la realidad en las
calles avanza a un ritmo distinto al de los decretos oficiales.
Químicos al amparo de
la noche
En la junta auxiliar de Rafael Ávila Camacho, mejor conocida
como la colonia Manantiales, los habitantes viven en una alerta constante que
se agudiza al caer el sol. Según testimonios de los colonos, es a partir de las
19:00 horas cuando el agua del río sufre una transformación radical. Tonos
rojizos, morados, azules y verdes intensos tiñen la corriente, arrastrando
consigo un olor fétido y penetrante.
"A esa hora ya no hay inspectores. Las textileras abren
las compuertas y sueltan todo el químico. El olor te raspa la garganta, te
irrita los ojos y los dolores de cabeza en los niños ya son algo de todos los
días", denunció un vecino de la calle Texcoco, uno de los puntos más
críticos de la zona.
El problema radica, en gran medida, en un vacío de
jurisdicción que las empresas aprovechan. Fuentes locales señalan que la
mayoría de las descargas provienen de plantas textiles ubicadas en municipios
colindantes como Juan C. Bonilla o Huejotzingo. Al tratarse de límites
territoriales difusos y de cuerpos de agua nacionales, el Ayuntamiento de
Cholula carece de la facultad legal para clausurar dichas industrias, delegando
la responsabilidad a la Conagua y a la Secretaría de Medio Ambiente estatal.
Actualmente, el Sistema Operador de Agua Potable (SOSAPACH) mantiene bajo la
lupa a unas 16 empresas de la región por irregularidades en sus descargas.
El doble peligro:
Contaminación e inundaciones
A la crisis sanitaria se suma la amenaza climatológica.
Protección Civil ha catalogado formalmente al Río Rabanillo como un foco rojo
de desbordamiento en la zona metropolitana. El cruce con vialidades de alto
flujo —como el Camino Real, el Boulevard Forjadores y la Recta a Cholula—
presenta taponamientos históricos debido a la acumulación de basura y lodo
(azolve).
Durante las tormentas más severas, el agua suele brincar los
bordes e inundar las laterales de las avenidas, dejando autos varados y
metiendo lodo contaminado a las viviendas de las partes bajas de Manantiales.
El plan de saneamiento anunciado contempla brigadas
científicas para ubicar detalladamente cada tubo de descarga ilegal y evaluar
las plantas de tratamiento de la zona. Sin embargo, para las familias que
respiran los gases del río cada noche, el tiempo corre en contra. La
efectividad de esta nueva estrategia metropolitana se medirá no en los
discursos, sino en el momento en que el Río Rabanillo deje de cambiar de color.
