Tinacos
por credenciales
El CIS descubrió que algunos medios no
cubren eventos públicos: cubren presencias
Nada va bien en un sistema político en el que
las palabras contradicen a los hechos
Napoleón Bonaparte
En los
húmedos pasillos de la secretaría del Bienestar, donde la política se practica
más como alquimia electoral que como servicio público, la secretaria,Laura
Artemisa García Chávez, parece haber confundido los programas
sociales con cofres de botín repartidos entre vasallos obedientes.
Una
grabación reciente —esa clase de códice maldito que siempre termina escapando
de las murallas del poder— exhibe a presuntos operadores ligados a la
funcionaria morenista promoviendo la entrega de tinacos a cambio de reclutar
beneficiarios de programas sociales. El precio del favor no sería oro ni
lealtad ideológica: bastaría con la credencial delINE, ese pequeño
talismán democrático que algunos políticos todavía creen que puede
intercambiarse como ficha de mercado.
La
escena retrata un viejo conjuro de la política mexicana: transformar la
necesidad en clientela y la pobreza en maquinaria electoral. Nada
particularmente novedoso, salvo quizá el descaro artesanal con el que se
ejecuta.
Artemisa,
cercana al gobernador Alejandro Armenta y aparentemente empeñada en conquistar
la alcaldía de Puebla, navega ahora entre rumores, filtraciones y mediciones
que no terminan de coronarla como la gran heredera del obradorismo poblano.
Porque ni todo el aparato del estado alcanza para fabricar carisma donde apenas
existe burocracia con ambición.
Y
es ahí donde surge la verdadera tragedia política: mientras la narrativa
oficial insiste en vestirla como una estratega en ascenso, las encuestas la
muestran más cercana a un personaje secundario atrapado en una saga demasiado
larga y cada vez menos creíble.
La
crítica no radica únicamente en el posible uso electoral de los apoyos públicos
—práctica tan vieja como el PRI de los años dorados,— sino en la pobreza
política del método. Tinacos por credenciales. Favores por padrones. Operadores
disfrazados de benefactores. Una épica mediocre para tiempos que exigen algo
más que clientelismo reciclado con colores guinda.
Al
final, el problema para Artemisa quizá no sea el escándalo. En Puebla los escándalos
envejecen rápido. El verdadero problema es que, pese al ruido, pese al aparato
y pese al presupuesto, su proyecto político sigue sin despegar. Y ningún
tinaco, por grande que sea, alcanza para almacenar legitimidad.
Hay
fechas que quedan marcadas en la historia de Puebla.
Cuando no hay gobernador, tampoco hay
periodismo
En
el territorio burocrático del CIS, donde los ecos del poder suelen rebotar
entre aduladores y reporteros, el martes ocurrió un fenómeno casi sobrenatural:
el salón de protocolos lució semivacío durante la rueda de prensa del
gobernador de Puebla, Alejandro Armenta.
La
ausencia del mandatario bastó para romper el hechizo. Como mercenarios sin
paga, varios medios con convenios firmados decidieron no presentarse. Porque
una cosa es cubrir la agenda pública y otra muy distinta fingir interés cuando
no hay reflector.
Mientras
tanto, en algún rincón olvidado de la Oficina de Comunicación Social, quedó el
efímero paso de Claudia Hernández misma que compartió en la red social X la
falta de los representantes de medios.
Su
gestión fue tan breve y gris que apenas alcanzó para convertirse en nota al pie
dentro del interminable pergamino de improvisaciones gubernamentales. Su
estancia tuvo la duración de un cometa burocrático: apareció, brilló apenas
unos segundos y desapareció sin dejar más rastro que la percepción de desorden
y frivolidad institucional.
Y
ahí entraron en escena los nuevos señores feudales del populismo de palco:
García Parra y “La Bonita” Sánchez, repartiendo entradas para el partido España
vs Perú como si administraran el tesoro de una corte medieval. Pan y circo
versión 4T poblana: menos transparencia y más entretenimiento subsidiado,
mientras la credibilidad institucional sigue perdiendo el partido más
importante.
#OpiniónDeAltoVoltaje
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