La llegada de Carlos Slim a Puebla con una inversión anunciada de 4 mil millones de pesos para transformar la zona de San Francisco puede ser una gran oportunidad para la ciudad. Pero también puede convertirse en una de esas decisiones que, años después, terminamos pagando los ciudadanos si no existe una visión pública detrás de la inversión privada.
El proyecto de Grupo Carso contempla alrededor de 700 departamentos, comercio, espacios educativos, entretenimiento y estacionamientos subterráneos, sobre una superficie de poco más de 45 mil metros cuadrados y con aproximadamente 175 mil metros cuadrados de construcción. También se anuncian empleos y la recuperación de inmuebles y espacios de la zona.
Hasta ahí, todo parece positivo.
Pero gobernar una ciudad no consiste solamente en conseguir inversiones.
La verdadera responsabilidad de un gobierno municipal es decidir qué tipo de ciudad quiere construir.
Y ahí comienzan las preguntas incómodas.
¿Proyecto inmobiliario o proyecto de ciudad?
San Francisco no es cualquier predio.
Estamos hablando de una zona fundamental para entender la historia de Puebla: San Francisco, El Alto, Analco, La Luz, el entorno de Casa Aguayo, el mercado de El Alto y la conexión con el Centro Histórico.
Por eso, el Ayuntamiento de Puebla no puede limitarse a ser el anfitrión de la presentación de un proyecto privado.
Debe ser el garante del interés público.
Carlos Slim puede invertir 4 mil millones de pesos. Puede comprar terrenos, construir departamentos y desarrollar espacios comerciales (Es muy su dinero).
Pero hay algo que no puede comprar:
El derecho de los poblanos a decidir cómo debe transformarse su ciudad.
Se habla de vivienda de bajo costo y de departamentos dirigidos a trabajadores, estudiantes y jóvenes profesionales. También se ha señalado que habrá opciones para venta y renta.
Muy bien.
Entonces que se conozcan los números.
¿Cuánto costará rentar?
¿Cuánto costará comprar?
¿Qué porcentaje estará realmente al alcance de un trabajador poblano?
¿Habrá vivienda social o solamente vivienda de menor precio dentro de un desarrollo de mercado?
Porque decir que un proyecto no generará gentrificación no resuelve el problema.
La gentrificación no se combate con declaraciones.
Se combate con política pública, vivienda accesible, protección de los habitantes, regulación urbana y participación ciudadana.
El gran pendiente: el Ayuntamiento
Aquí es donde Pepe Chedraui tiene una responsabilidad histórica.
El alcalde puede presumir (y con razón) que logró atraer a uno de los empresarios más importantes de México para invertir en Puebla.
Pero la pregunta política será otra:
¿Qué obtuvo Puebla a cambio de facilitar esta inversión?
No me refiero solamente a impuestos, permisos o empleos.
Me refiero a infraestructura.
Agua.
Drenaje.
Movilidad.
Seguridad.
Espacio público.
Áreas verdes.
Patrimonio.
Vivienda accesible.
Recuperación de barrios.
Y, sobre todo, beneficio para los habitantes de San Francisco y de los barrios adyacentes.
Porque sería un error monumental que Puebla terminara con un gran desarrollo inmobiliario rodeado de barrios que continúan enfrentando los mismos problemas de abandono, deterioro urbano, inseguridad y falta de servicios.
El INAH no debe ser un trámite
Hay otro punto que merece toda la atención.
La zona se encuentra dentro del ámbito del Centro Histórico y, por ello, las intervenciones deberán sujetarse a las disposiciones de protección patrimonial y a las autorizaciones correspondientes del INAH.
Aquí no puede haber prisas políticas.
Ni para Grupo Carso.
Ni para el Gobierno del Estado.
Ni para el Ayuntamiento.
Ni para nadie.
El patrimonio histórico de Puebla es propiedad de varias generaciones, no de una administración municipal ni de un grupo empresarial.
Modernizar no significa borrar.
Regenerar no significa sustituir.
Y desarrollar no significa privatizar la ciudad.
San Francisco puede ser el principio de algo mucho mayor
La verdadera oportunidad sería utilizar esta inversión como detonador de un programa integral de regeneración urbana de los barrios fundacionales de Puebla.
San Francisco no debe terminar en las puertas de un nuevo complejo.
Debe conectar con El Alto, Analco, La Luz, Los Sapos y el resto del Centro Histórico.
Debe existir una política pública que permita que la inversión privada genere también inversión pública y recuperación social.
Que el turista llegue, pero que también permanezca el poblano.
Que se construyan departamentos, pero que también puedan vivir ahí los trabajadores.
Que haya restaurantes y comercios, pero que no desaparezca el comercio tradicional.
Que se recuperen edificios, pero que no se destruya la memoria.
Que haya plusvalía, pero que ésta no termine expulsando a quienes históricamente han habitado la zona.
El dilema de Pepe Chedraui
Por eso, este proyecto puede convertirse en uno de los grandes legados urbanos de la administración de Pepe Chedraui.
O puede convertirse simplemente en el gran proyecto inmobiliario que Carlos Slim hizo en Puebla durante su gobierno.
La diferencia dependerá de la capacidad del Ayuntamiento para poner por delante una visión de ciudad.
Y aquí está el punto central:
Puebla necesita inversión privada, pero no necesita gobiernos subordinados a la inversión privada.
Necesita autoridades capaces de dialogar con los grandes empresarios de igual a igual.
Necesita reglas claras.
Necesita transparencia.
Necesita participación ciudadana.
Necesita planeación urbana.
Y necesita que cada peso privado que llegue a la ciudad encuentre un gobierno que sepa convertirlo en bienestar colectivo.
Porque San Francisco no es solamente un conjunto de terrenos.
Es historia, patrimonio, identidad y futuro.
Y si Puebla va a cambiar, que cambie para todos.
Acá entre Nos, el verdadero éxito del proyecto de San Francisco no se medirá por cuántos departamentos se construyan ni por cuánto dinero se invierta. Se medirá por cuántos poblanos puedan decir, dentro de diez años, que aquella inversión también mejoró su ciudad y no solamente el valor de unos cuantos metros cuadrados.
**El autor es municipalista
Correo: gabriel.lopez@ideasac.org.mx
