Desde la seguridad nacional a la frivolidad del espectáculo

-Siempre buscó a alguien con identificarse-

-Buscó entre políticos, escritores, actores, académicos, y un día apareció esa serie en la televisión-

El anhelo de ganar dinero.

El buscar el éxito.

La burbuja del millonario joven.

El youtuber, el tiktokero, fueron sus figuras a seguir. Poco trabajo, fiestas, sonrisas, sarcásticas, el desprecio

aparente de vida que en el fondo anhelaban.

Un triángulo, un cuadrado y un circulo, llamó la atención, más allá de una sociedad iniciática o de servicios, el caso fue ganar.

En esa frivolidad, se fueron al olvido. El gobierno no buscó, siempre rebasado por su locura de poder.

Meditaciones, reflexiones y expiaciones del conocimiento

El poder del espectáculo, el presentar la vida de uno en cámaras y arriesgar la vida misma para ellos vale cada minuto que estén pensado que serán millonarios o por lo menos, podrán salir del anonimato (Debord, 2004).

La búsqueda de la disrupción social, el cambio en un instante, a pesar que esto atente contra la vida de las personas por el reconocimiento, ha sido un motivo de poner en riesgo la vida misma por un momento de fama, en realidad la promesa de cambio solo fue un discurso, nunca una promesa, ni palabras de compromiso.

La televisión, las redes sociales, se han modificado, ya no dependen en su totalidad de los grandes monopolios que, durante años, necesitaron de un permiso presidencial para poder estar al aire.

Una cámara, un celular conectado a la red son suficientes para emitir contenidos, los que más éxito tienen han sido los que cuentan con todo un equipo que están atrás de ellos, así como con el capital suficiente para pagar (monetizar) para su distribución masiva en redes cibernéticas, por región, edad, intereses, género y hasta condición económica.

La esperanza que el vagabundo, el infortunado, la chica que vive la pobreza y de un momento a otro se vuelva la heroica o el héroe, el agente de interés, ha estado durante años en las tramas del cine, de los cuestos mismos y esto se recrea en estos espacios.

Es decir, el esfuerzo del estudio, el ahorro, el sacrificio de la inversión y el empeño diario al trabajo es lo que menos se valora, debido a que eso se pone como un motivo de perdedores con vidas monótonas, tristes y sin sentido.

Las reproducciones sociales, observan a las personas que se dicen ser influyentes (influencers) y generadores de opinión pública, y en ello se recargan políticos, productos y hasta prestadores de servicios.

Las transmisiones incluso de programas alejados de los países, se pone como ejemplos, se impulsan como el secreto del progreso, siempre buscando el mínimo esfuerzo (Debord, 2004).

 

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