La cercanía de la temporada de lluvias que cada año provocan deslaves e inundaciones en Puebla representa una grave amenaza en los municipios poblanos que no cuentan con la prevención necesaria.
La seguridad de una población no se garantiza únicamente con patrullas y cámaras; la verdadera prevención comienza con el conocimiento profundo del territorio y sus amenazas. En Puebla, un estado geográficamente complejo y vulnerable, este conocimiento tiene un nombre: Atlas de Riesgo.
Lamentablemente, este instrumento vital para la protección civil sigue siendo una tarea pendiente y alarmantemente rezagada en la inmensa mayoría de los municipios poblanos.
La entidad es un mosaico de peligros potenciales. Por un lado, la constante actividad del volcán Popocatépetl mantiene en alerta permanente a decenas de comunidades. Por otro lado, la Sierra Norte y la Sierra Negra enfrentan cada año la amenaza de deslaves e inundaciones traumáticas durante la temporada de lluvias.
A lo anterior debemos sumar las sequías prolongadas, los sismos y los riesgos antropogénicos como el robo de hidrocarburo, que ha convertido a ciertas zonas en polvorines. Ignorar todo lo anterior solo nos hace más vulnerables.
La situación actual es crítica.
De acuerdo con los datos oficiales más recientes de la Coordinación General de Protección Civil del Estado de Puebla y la Coordinación Nacional de Protección Civil, de los 217 municipios que conforman la entidad, únicamente 38 cuentan con un Atlas Municipal de Riesgos oficial actualizado e integrado al Sistema Nacional de Información sobre Riesgos (SNIR).
Lo anterior deja a 179 municipios (aproximadamente el 82% de la entidad) que carecen de este instrumento clave para la prevención de desastres, gestión del territorio y respuesta ante contingencias climáticas, geológicas e hidrometeorológicas.
Peor aún, hay regiones enteras que operan en la absoluta oscuridad preventiva.
¿Qué riesgos corremos al no contar con un Atlas de Riesgo actualizado?
Improvisación ante la tragedia: Sin un Atlas, la respuesta ante una emergencia es reactiva, no preventiva. Las autoridades no saben con certeza qué zonas deben evacuar primero, dónde ubicar los albergues de forma segura o qué rutas de evacuación son las más viables. La improvisación cuesta vidas.
Desarrollo urbano irresponsable: Un Atlas de Riesgo es fundamental para el ordenamiento territorial. Sin él, los municipios siguen otorgando permisos de construcción en zonas de alto riesgo: lechos de ríos, laderas inestables o áreas propensas a hundimientos. Actualmente se están construyendo los desastres del futuro.
Ineficiencia en la inversión pública: Los recursos destinados a la reconstrucción tras un desastre son inmensamente superiores a los necesarios para la prevención. Sin un diagnóstico claro, el dinero público se gasta en reparar daños que pudieron evitarse, en lugar de invertir en obras de mitigación estratégicas.
Falta de cultura de la prevención: Un Atlas de Riesgo debe ser un documento público y accesible. Si la ciudadanía no conoce los riesgos a los que está expuesta en su propia colonia o comunidad, no puede tomar medidas de autoprotección ni exigir a las autoridades las obras necesarias.
La falta de Atlas de Riesgo no es solo una omisión administrativa; es un acto de irresponsabilidad política que pone en peligro directo a miles de poblanos.
Los gobiernos locales no pueden seguir gobernando a ciegas en un territorio que, cíclicamente, nos recuerda su fuerza y sus peligros.
Los presidentes municipales deben entender que la protección civil no es un gasto, sino una inversión prioritaria y una obligación ética.
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