El carácter se forja
desde niño; una sonrisa o un rechazo podría definir su vida
La crueldad del mundo desde pequeño fue su víctima, desde
los tres años se sentía abandonado de que no pasaban por él.
-Tu mamá llegó hace
tres días y dijo que estabas de vacaciones- y al verle a ella preguntaba con
voz dura y golpeada: ¿Y qué me trajiste?; con su abuelita pudo ver las
carencias y pasar todo el día en la calle porque no había qué comer, ya algún
niño jugaba con él, la mamá le llamaba y ponía como condición que le llevará
con él, y así podía hacer una comida al día.
La abuelita iba a hacer las labores domésticas con sus
amigas y le daban de comer, no había más pago, y algunas veces comentaban que
mucho hacían con ello, que era obligación de los hijos, los cuales desde que
salieron de esa casa, solo llegaban cuando la fortuna les daba la espalda,
recibían una palabra de ánimo y se marchaban, nunca hubo más.
El sentirse un niño olvidado, un estorbo, o arrimado -como
le decía su madre- fue terminando con la poca autoestima que tenía en su ser,
un día sacó sus útiles, dos pantalones, dos camisas, un par de calcetines, que
era toda su ropa, se fue a vivir con la abuela; por meses no supo de su madre;
en el tiempo del anecdotario le dijeron que se había ido a la playa, que había
conocido a una persona y allá se fue para no volver, aunque al poco tiempo
llegaron esas noticias malas, sufrió de maltrato nuevamente y al salir de esa
casa, fue una noche de la que jamás salió, ni volvió a ver su mundo.
Un día llegó a ver a su abuelita un señor, que no conocía,
le señaló, le miró, se fue caminando, supuso que fue su papá.
