Una serie de
recientes artículos científicos ha reforzado esta idea y acaba con la idea de
la obesidad como una cuestión de elección o fuerza de voluntad. Los expertos
expresan las siguientes ideas:
-Una nueva
investigación publicada en PLOS Medicine expuso cómo la genética explica la
relación entre el Índice de Masa Corporal (IMC), de padres e hijos y descarta
la importancia de otros mecanismos biológicos.
-Para llegar a esta
conclusión, se analizaron los datos de decenas de miles de familias noruegas.
El estudio estima que la genética explicaría alrededor del 79 por ciento de la
relación madre-hijo y el 94 por ciento de la relación padre-hijo a los ocho
años de edad.
-Los datos son
contundentes, pero tampoco significan que debamos caer en el determinismo genético,
explica Tom Bond, Investigador de la Universidad de Bristol y autor principal
del estudio.
-La obesidad está
determinada por una combinación de genes y ambiente. Si los niños se crían en
un ambiente saludable, pueden evitar el sobrepeso, incluso si heredaron genes
que aumentan su riesgo de obesidad.
-Entender cómo
interactúa esta combinación entre genética y ambiente podría ser la clave para
comprender y atajar la actual pandemia de obesidad.
-Otro estudio,
publicado también en PLOS Medicine, analiza el IMC y variantes genéticas
asociadas con la obesidad en 4 generaciones británicas nacidas en 1946, 1958,
1970 y 2001. Los resultados indican que, aunque la genética no haya cambiado,
el ambiente obesogénico ha hecho que su asociación con la obesidad se haya
reforzado.
-La obesidad aumenta
demasiado rápido para atribuirla a los genes, pero el ambiente actual puede
hacer que la predisposición genética pese más, explica José M. Ordovás,
Investigador del Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana
y Envejecimiento.
-La Doctora Dolores
Corella Piquer, pionera en investigación sobre la genética nutricional, asegura
que el estudio está basado en modelos estadísticos y no realiza análisis
genéticos concretos. Estos estudios tienen el problema de que son muy
dependientes de los algoritmos estadísticos que utilizan y de la población que
analizan. Aportan estimaciones teóricas muy generales.
-La prevalencia de
la obesidad se ha triplicado en las últimas cuatro décadas. Entender qué puede
estar pasando es clave para intentar atajarlo. El entorno determina las tasas
generales de obesidad en la población, mientras que la genética es un factor
determinante de qué individuo concreto padece obesidad dentro de esa población.
-El equipaje
genético pasa de padres a hijos y se transmite a lo largo de las generaciones,
pero no condiciona de la misma forma su futuro, pues el ambiente ha cambiado
radicalmente. Tener cierta tendencia a engordar podía no tener consecuencias
hace 50 o 60 años, cuando la comida basura era casi anecdótica.
-Hoy en día, con
productos alimentarios diseñados para enganchar, que llenan las estanterías del
supermercado, es mucho más complicado luchar contra los genes.
-La genética
determina entre el 40 y el 70 por ciento de la propensión a la obesidad. Es
importante subrayar que no somos víctimas de nuestro ADN, pero nos condiciona.
Es fundamental que estas personas sepan por qué tienen que luchar tanto para
mantener un peso saludable.
-Un estudio
publicado en la revista Nature estudió el genoma de 27 mil personas en
tratamiento para demostrar que las mutaciones genéticas pueden imponerse
incluso a los potentes fármacos adelgazantes, que los hacen menos efectivos en
ciertas personas.
-Los científicos
descubrieron dos variantes en los genes diana a los que se dirige la segunda
generación de estos medicamentos, los receptores GLP-1 y GIP, que explicaría
por qué hay personas que pierden peso de forma dramática, mientras a otras
apenas les hacen efecto.
-Esta variabilidad
no se ve desde fuera porque la obesidad es una enfermedad visible, estética,
con mucho prejuicio alrededor, pero se entiende al secuenciar el genoma de la
persona obesa. Otro estudio, publicado en Nature Medicine, señala cómo las
diferencias genéticas ayudan a explicar por qué algunas personas con obesidad
permanecen relativamente sanas, mientras que otras desarrollan afecciones
graves como diabetes y enfermedades cardíacas.
En síntesis, la
genética no absuelve al entorno ni convierte la obesidad en un destino escrito
de antemano, pero rechaza la idea profundamente arraigada de que todas las
personas parten del mismo punto. Entender esa desigualdad biológica puede ser
el primer paso para abordar una epidemia que, lejos de explicarse por una sola
causa, nace precisamente de la suma de muchas.
Si usted es obeso y
feliz, sin enfermarse, no hay problema de preocupación.
En fin, como dice la
copla flamenca:
Nacen las coplas,
señores,
de una alegría o una pena,
de un ramo blanco de flores
o de una larga condena,
o de una enfermedad de amores.
