Hoy, un monstruo se ha
engullido esa fantasía de los estadios
Sí, tal vez algún día. Tal vez algún día el futbol volverá a
ser un deporte para la gente. Al alcance de la gente. Hoy es el deporte más
popular del mundo en manos de un monopolio hiper poderoso. Las garras de la
FIFA manejan el balón y regulan el gusto de la afición a capricho.
Ahí todo es negocio. Esta organización está por encima de
países, gobiernos, religiones, empresas. Sus ingresos en este mundial
trinacional, más de 11 mil millones de pesos, están por encima del Producto
Interno Bruto de setenta naciones.
Los gobiernos de todo el mundo invierten miles de millones
de dólares todo el tiempo en campañas para obtener la sede de sus competencias.
Nación que se sale de sus reglas, queda proscrita para siempre de sus dominios.
Puede seguir jugando futbol dentro de sus fronteras, pero para el mundo no
existe.
Tener nexos con este monopolio, ser sedes del mundial,
legitima gobiernos y fortalece sus vínculos diplomáticos de todo tipo.
Sus reglas son implacables, dentro y fuera de la cancha, en
un partido cualquiera o en transferencia de jugadores entre clubes y
calendarios en todo el planeta.
Es dueña exclusiva de derechos de transmisión y publicidad a
nivel mundial y usa los servicios de muchas poderosísimas empresas para
afianzar sus cadenas de acero de control, sometimiento… e ingresos. Coca Cola,
Adidas y Visa son parte de su red de operaciones.
Su control es absoluto. Ayer, una periodista mexicana ponía
un ejemplo simple: nadie que no tenga un boleto pagado para entrar a un partido
puede acercarse a un kilómetro y medio de un estadio. Los vecinos de las sedes
tienen mecanismos de acceso negociados con sus gobiernos.
Los aficionados de todo el mundo gozan genuinamente el
futbol. Es un espectáculo magnetizador, seductor. Se aprecia la condición
físico-atlética, las habilidades y destrezas individuales y de conjunto, la
estrategia de técnicos y jugadores, la magia y virtuosismo de estrellas. Ver
esto en los estadios es subyugante, por televisión igual.
Pero “sentir” el espectáculo en vivo desde el graderío, la
ilusión y sueño de todo amante de este deporte, está prohibido para el hombre
común de la calle.
Merced al monopolio, al monstruo mundial que se lo ha
engullido, ingresar a los estadios significa enormes fortunas, cifras
impensables en la vida de un hincha común del planeta.
La red que todo lo maneja ha ideado mecanismos y redes
tortuosas de control publicitarios, de usos y derechos, y tiene bajo su control
no solo a televisoras, comercializadoras, sino a hoteles, líneas de transporte
de todo género, mecanismos visuales de difusión, visualización y promoción.
Todo absolutamente.
Los gobiernos aceptan sus reglas y se someten mansamente a
sus dictados.
Sí, es una dictadura superior a cualquiera, sin armas ni
ejércitos. Pero el aficionado de calle, sueña.
La gente soñó alguna vez que caería el Muro de Berlín, que
llegaría al Vaticano un Papa latinoamericano, que Vietnam le ganaría una guerra
a los Estados Unidos, que los jugadores negros serían estrellas del beisbol
gringo, que en México perdería el PRI. Soñar no cuesta.
Pienso que algún día el futbol volverá a tener su encanto,
fuera del férreo control de la dictadura que hoy en día aherroja las mentes de
algo que se vuelve virtuoso por la maestría de los pies. Curiosa paradoja.
Un día, el aficionado (¡y el jugador!) de hueso colorado de
este mágico deporte realizará su sueño. Un día…
Alforja
Rectora ejemplar. Mirna Inés Toxqui es la rectora de la
Universidad Tecnológica de Huejotzingo, y en menos de dos años ha colocado a
esta institución en el sitio 18 de entre alrededor de 400 universidades
públicas y privadas del país.
Asumió su función consciente de que la vida de una
Universidad no se restringe a lo que ocurre entre muros. Tiene poco más de 3
mil estudiantes y lo mismo gestiona becas y empleos, suma a presidentes
municipales a las metas de la institución, abre una galería de arte de primer
nivel nacional, gestiona despensas para los alumnos más necesitados, envía al
extranjero a becados sobresalientes y mantiene una activa relación con varios
países, empezando por los Estados Unidos.
En muchos rubros ha alcanzado metas singulares para una
institución pública y se ha convertido en modelo para las de su género en la
entidad.
Xiutetelco progresa. En la región noreste de nuestro estado,
cerca de Teziutlán, existe un municipio justo entre Puebla y Veracruz, que
registra progresos en el nivel de vida de su gente.
Su presidente municipal, Baltasar Vázquez Baltasar, mantiene
un clima de transparencia en la
administración, avances en obras diversas y, lo más importante, un clima de
seguridad que lo convierten casi en un lunar de la geografía poblana. Este mes,
del 19 al 28 celebra su feria anual con un largo programa de actividades propias
de los pueblos de la sierra. Si tiene interés en disfrutar la vida de un pueblo
serrano auténtico, échese un brinco.
