La gastronomía de Cuetzalan preserva identidad cultural de Puebla

 Fernando Incháustegui

En las entrañas de la Sierra Norte de Puebla, donde la niebla abraza las calles empedradas de Cuetzalan, la cocina no es solo una rutina diaria, sino un acto de resistencia y preservación cultural.


Entre el aroma a café recién molido y el humo de los fogones de leña, las cocineras tradicionales nahuas mantienen vivas las recetas que han dado identidad a esta región por generaciones.

Frente a la globalización alimentaria y la rapidez de la vida moderna, la gastronomía de este Pueblo Mágico se ha consolidado como un pilar fundamental para salvaguardar el patrimonio inmaterial del estado.

El tlayoyo: epicentro de la mesa serrana

A diferencia de los tlacoyos del centro del país, el tlayoyo de Cuetzalan tiene una identidad propia. Preparado con masa de maíz azul o amarillo, su corazón guarda una pasta de alverjón cocido con hoja de aguacate y chile manzano.

"El secreto no está solo en los ingredientes, sino en el respeto a la tierra", comparte doña María Juana, cocinera tradicional del mercado local. "Aquí usamos lo que la milpa y el traspatio nos dan. Si se pierde la receta, se pierde nuestra forma de hablar con los antepasados".

Este platillo, coronado con salsa verde o roja, queso espolvoreado y quelites frescos, es más que un alimento; es un recordatorio del sincretismo entre la herencia prehispánica y las costumbres actuales.

Ingredientes que cuentan historias

La riqueza culinaria de Cuetzalan radica en su biodiversidad y en el uso de especies endémicas (nativas de la región). La economía local se sostiene en gran medida gracias a este intercambio cultural y comercial en el tradicional tianguis dominical, donde el trueque aún asoma la cabeza.

El mole de la sierra: A diferencia del poblano, este es más ligero, con un toque sutil de especias de la región y un marcado sabor a chile criollo.

Los pipianes: Elaborados a base de pepita de calabaza y enriquecidos con epazote de la zona.

El Yolixpa: Una bebida ancestral de hierbas medicinales impregnada en aguardiente, utilizada tanto para curar el cuerpo como para celebrar en comunidad.

Un escudo contra el olvido

El auge del turismo ha puesto los ojos del mundo en la cocina cuetzalteca. Sin embargo, para los habitantes locales, el verdadero valor no está en las cartas de los grandes restaurantes, sino en la transmisión oral. Las madres y abuelas siguen enseñando a los más jóvenes a nixtamalizar el maíz y a reconocer las hierbas comestibles del monte.

La gastronomía de Cuetzalan demuestra que la identidad de Puebla no solo se resguarda en los museos o en la arquitectura colonial de su capital; se defiende todos los días, a fuego lento, desde el comal.

El reto frente al turismo

El reto actual para Cuetzalan es el equilibrio. Con el nombramiento de Pueblo Mágico y la creciente llegada de turistas, las comunidades locales han tenido que blindar sus procesos artesanales frente a la comercialización masiva. Agrupaciones de cocineras tradicionales y cooperativas nahuas trabajan activamente para que el turismo consuma de manera consciente, asegurando que los ingresos beneficien directamente a quienes siembran la tierra. 

La gastronomía de Cuetzalan no es solo una oferta para el paladar del viajero; es el recordatorio diario de que la cultura del estado de Puebla respira y se defiende desde la cocina.

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