Un recorrido a ojo de
pájaro por el Centro Histórico de la ciudad de Puebla
Oigan… ¿y si de una vez pide licencia Pepe Chedraui?. Es que
la ciudad está horrenda. Prácticamente no hay gobierno municipal. El gobernador
ya le dio dos soberanos regaños y no acusa reacción alguna. No hablo de
memoria. Ayer recorrí el Centro Histórico, por segunda vez en menos de treinta
días y la suciedad está espantosa.
No invento. Agrego a este texto una colección de fotos que
tomé a vuelo de pájaro... ¡en plena 5 de Mayo! Los depósitos de basura
desparramándose, olores fétidos, vendedores ambulantes en su feudo de la 6 a la
16 Poniente.
Grupos de turistas dándole vuelta a los basureros en las
aceras, lo mismo frente a la Capilla del Rosario que en frente del templo del
Señor de las Maravillas. Vi a un perro orinándose a los pies de la estatua de
Javier López Díaz. Paquetes de “six pac” vacíos de cerveza debajo de la efigie
de Capulina, lo cual explicaría el gesto de disgusto que dibuja su rostro. Una
reina española casi le hace fuchi al basurero que contamina sus soberanos pies.
¿A quién diablos se le ocurrió colocar estos monumentos en
el piso, expuestos a robos, escupitajos, orines y cualquier daño? ¿Y quién no
ha tenido la elemental idea de corregir esto con pedestales, cercas o elementos
decorativos acordes a la zona? Ese abandono es un reflejo fiel del que exhibe
todo el ayuntamiento por la ciudad y el municipio.
Conté más de veinte expendios de tamales en las esquinas. Y
eso puede no estar mal, si están pensando en mudar lo de “Puebla de los
Ángeles”, por “de los tamales”. Lo que se ve mal es la invasión de tamaleras en
los atrios o su contribución a agudizar más la proliferación de basura en las
aceras.
Ahora, seamos honestos: esta proliferación de basura
(explicable primero por la ausencia de depósitos) pone de manifiesto también la
irresponsabilidad superlativa de vecinos de esas calles. Salvo dos casos que vi
en la 6 Oriente, nadie se acomide a barrer el frente de sus casas o negocios.
Esa desidia es con cargo a infinidad de propietarios de malos hábitos o francamente
cochinos (solo después de las diez de la mañana vi llegar un grupo de
“naranjitas” a limpiar únicamente las calles más céntricas).
Ya en plan de alargar la caminata unas tres horas por el
centro, de paso fue saludable una santiguada por algún templo, “al lugar donde
fueres haz lo que vieres”. Esto permitió constatar que, en efecto, alguien tuvo
el original tino de honrar a San Homobono, en la Iglesia del Carmen, como
corresponde: como es el santo patrono de sastres y costureras, el esbelto santo
luce elegante traje a cuadros y unos zapatos de regular factura. Nada que ver
con túnicas, en cambio, una cinta métrica cae de su cuello y sujeta las puntas
con las manos. Bien presentado el hombre.
En la Iglesia de la Virgen de la Soledad, por otro lado
observé algo que ya no es común en los templos poblanos: un sacerdote con buena
voz y un sermón de magnífico contenido. La elocuencia de su verbo era
imponente. Es clarísimo que se trata de un párroco que sí aprobó la materia de
homilética en el seminario.
Esto es algo de lo que adolece la Iglesia católica hoy en
día: padres que no tienen la menor idea de una transmisión sencilla y elocuente
de sus mensajes. Ante eso, la consecuencia es evidente: feligreses que
dormitan, cuchichean o echan discreta mirada al atuendo de los y las que llegan
y se hincan. Mención aparte las personas de condición provecta, algunas
viejitas rezanderas que de plano, como no oyen, “se echan un santo coyotito”
por ahí de la segunda lectura del evangelio…según San Marcos.
La condición de matutino andariego centrífugo (que para el
caso defino como fugado por el Centro Histórico) me permitió observar con pesar
que el perro de la famosa esquina de la 9 Poniente y 3 Sur, luce terrible daño
y nadie se apiada de él, bueno ni siquiera la Sociedad Protectora de Animales.
Allá en lo alto de la esquina, el infortunado perro ya es “medio can”. Sí,
porque el material metálico de la mítica efigie se ha dañado y casi está
partido por la mitad, “como en canal”, a lo largo de su canina figura.
Al paso del tiempo cualquier día da el perrazo y mata a un
cristiano… ¡cuidado con eso! No miento, véanlo, (“Desengáñate con tus propios
ojos”, como decía una señora de mi pueblo a quien le regalaron un moderno
reloj, y para disimular su absoluta ignorancia de letra, treta y lectura del
reloj, se escudaba en esa cantinela para responder a los curiosos que con toda
morbosidad le preguntaban la hora).
Volviendo al tema del presidente en fuga, y ya en serio,
Morena debería analizar cuál es el costo de este personaje en la evaluación del
sentir social. Su mala administración es fuente de una erosión de imagen en
caída libre. Y eso, en el cercano tiempo de campaña y elecciones puede ser un
pesado fardo. Máxime que las aspirantes nada tienen que ofrecer como
contraparte y esperanza.
El gobernador, quien hizo por años campaña a ras de piso,
les dejó a todos una vara muy alta. Y si pretenden crecer al cuarto para la
hora vía redes, francamente están incubando un resultado peligroso.
Los morenos tienen una relativa ventaja: los partidos de
oposición están francamente verdes, y los autodefinidos verdes están peor,
porque encierran en su nombre una doble mentira: ni son ecologistas y mucho
menos verdes, son trepadores acomodaticios que por la vía del nepotismo han
hecho jugosos negocios a lo largo de sexenios, con el visto bueno del gobierno
en turno, ya se sabe. Pero más allá del juego de partidos está el sentir
popular, la sensibilidad ciudadana que todos los días observa, siente, juzga, y
se reserva su derecho al voto.
Lo dicho otras veces: capacidad humana hay, elementos
honorables, preparados, imaginativos, ejecutivos y comprometidos. Ojalá les
dieran espacios.
