Hablar de Tepeaca es referirse a un municipio con una profundidad histórica excepcional y una ubicación estratégica en el corazón de Puebla. Fue señorío prehispánico, enclave colonial y hoy sigue siendo un nodo comercial relevante, con una dinámica que ha resistido el paso del tiempo. Como bien ha documentado su cronista Francisco Jiménez Villa (Por cierto, el mejor cronista del estado), su identidad no es improvisada: es el resultado de siglos de construcción social, económica y cultural que le han dado carácter propio dentro del estado.
Sin
embargo, esa riqueza histórica contrasta con una constante incómoda: su
desarrollo municipal ha sido errático, fragmentado y, en muchos momentos,
fallido. La pregunta de fondo no es si Tepeaca tiene potencial (lo tiene de
sobra), sino por qué ese potencial no se traduce en bienestar sostenido para su
población.
El
primer problema es estructural: la ausencia de planeación real. Durante años,
el municipio creció sin ordenamiento efectivo, sin continuidad institucional y
sin una visión de largo plazo. Cada administración llega, redefine prioridades,
cancela inercias y gobierna con lógica de corto plazo. El resultado es un
territorio desarticulado: colonias sin servicios completos, infraestructura
inconclusa y una expansión urbana que responde más a la presión demográfica que
a criterios técnicos.
A
esta debilidad se suma un factor crítico: la inseguridad. Tepeaca no ha logrado
consolidar un control institucional pleno sobre su territorio. La presencia de
economías ilegales, particularmente vinculadas al robo de hidrocarburos y gas,
ha distorsionado la dinámica local. No se trata solo de un problema delictivo,
sino de gobernanza: cuando la autoridad municipal no ejerce plenamente sus
funciones, el desarrollo se vuelve inviable. La inversión se retrae, el
comercio formal se debilita y la vida cotidiana se precariza.
En
el ámbito económico, el municipio vive una paradoja. Tiene actividad, pero no
desarrollo. Su vocación comercial (históricamente fuerte) se mantiene, pero
anclada en esquemas tradicionales y de baja productividad. El tianguis, los
intercambios locales y el comercio informal sostienen la economía diaria, pero
no generan cadenas de valor ni detonadores de crecimiento. En términos
técnicos, Tepeaca no ha logrado transitar de una economía de subsistencia
ampliada a una economía de valor agregado.
Los
servicios públicos evidencian el mismo patrón de rezago. Persisten deficiencias
en alumbrado, drenaje, manejo de residuos y equipamiento urbano. No es
únicamente un problema de recursos, sino de gestión: los gobiernos municipales
han operado bajo esquemas reactivos, atendiendo urgencias sin construir
soluciones estructurales.
El
fondo del asunto es político-institucional. Tepeaca refleja los límites del
modelo municipal mexicano cuando no hay profesionalización, continuidad
administrativa ni visión estratégica. Gobiernos de tres años, con capacidades
técnicas limitadas y alta rotación de cuadros, difícilmente pueden sostener
proyectos de largo aliento.
Así,
el municipio queda atrapado en un ciclo: historia sólida, presente inercial y
futuro incierto.
Tepeaca
ha sobrevivido siglos de transformación, pero no ha logrado consolidar un
proyecto de desarrollo propio. Y eso no es casualidad, es consecuencia de
decisiones públicas acumuladas, o más bien, de la ausencia de ellas.
Acá
entre nos, mientras no cambie la lógica de gobierno (planeación seria y
profesional, fortalecimiento institucional y una estrategia económica que
supere el comercio tradicional), el municipio seguirá siendo una contradicción
persistente: un referente histórico… administrado con visión de corto plazo.
**El
Autor es municipalista
Correo:
gabriel.lopez@ideasac.org.mx
