El camino del buen ciudadano, del ser excepcional, del ser afortunado, con ejemplos
Tomas el nixtamal, lo
frotas, enjuagas, aún conserva algunas piedras de cal, pero de eso ya se
encargarán las piedras del molino, masa caliente, para ser repartida, tomas una
bola tan grande como una cazuela de mole, la subes a la bicicleta, sólo a unas
calles de allí, son tres viajes diarios; quizá tomé esa bicicleta para recordar
mi juventud.
Ya tenía tiempo que no estaba en ese lugar, donde caminaba
la abuelita; su mamá me acostumbró a decirle así, de cariño y sí era cariñosa,
entre monedas en una charola siempre los billetes los tenía en su perpetuo
mandil, era muy conocida no sólo en la colonia sino en la ciudad, por un tiempo
fue la única que repartía la masa y era el molino más moderno.
Los primos llegaban y se ponían las botas de los
trabajadores, primero debían aprender a limpiar con los jaladores de agua,
luego ver cómo cambiaban las piedras de los molinos, engrasarlos, durante un
tiempo llegó el amigo de la familia del norte y les enseñó que con cemento y
poca arena cernida se reparaban los discos y se les daba una doble vida,
después manejaban las bicicletas cargadas, luego la camioneta, incluso saber de
los pedidos y cobrar; siempre la abuelita estaba al pendiente que ninguno de
los trabajadores estuviera sin comer a las diez de la mañana, decía que
debíamos ser agradecidos con la vida.
Un día se fue por la escuela a ver nuevos horizontes, a los
pocos años la abuelita murió y a cada uno de los nietos les tomó su mejilla,
sonrió; allí no estuvo el navegante de letras, estaba en camino, y no la pudo
ver más, solo ella sonrío y con su última bocanada de vida se fue su nombre.
Así se van los seres extraordinarios, sonriendo
perpetuamente.
Libros surgidos de esta columna:
1.
Mejores prácticas de transparencia: la ciencia de gobierno, transparencia y el
desarrollo.
