Oportunismo y pobreza en los días que corren por Puebla
“El cargo es un momento, la causa es un destino”, sí, mucha
razón tiene el politólogo Julio Castillo López. Lo que estamos viendo en Puebla
en estos días debiera llevar a muchos a reflexionar sobre este concepto.
Estamos viendo chambistas, no políticos en el sentido
genuino del término.
Se apuntan muchos para la presidencia municipal, las
diputaciones. Nada les dice la carrera de Armenta. Esa no es de ayer para hoy,
se construyó en años.
No entienden que “el poder es un medio, no un fin”. Buscan
un cargo para inventarse una causa, en lugar de luchar por una causa y usar el
cargo como instrumento. “Las sillas se heredan, se pierden o se olvidan. Las
causas, si son verdaderas, permanecen y trascienden.”
“Un cargo se gana con votos. Una causa se conquista con
convicción. El que solo quiere una silla se sienta. El que tiene una causa, se
levanta cada día con un propósito. Porque en política no se trata de ocupar un
lugar, sino de transformar la realidad. Y para eso, no basta una silla, se
necesita una dirección.”
Morena tendría que revisar realmente con rigor a sus
aspirantes y candidatos. ¿Qué le dicen a la gente Artemisa y García Parra?
Aplique el sentido común y coteje la trayectoria del gobernador con estos
personajes de ayer para hoy.
Hoy y mañana, en actos de promoción y en campaña: un acto
masivo no son votos. En el mejor sentido es claque, es gente que responde a una
“movilización”, con paga o por intereses. Otra vez la pregunta: ¿Armenta usó
esto? No, luchó contra esto y diseñó su camino propio, contra el poder o los
recursos del poder.
El votante hoy no se chupa el dedo. Si somos francos, no
está politizado, pero está informado. No se forma un juicio con lo que se
publica o con lo que se oculta, sino que cruza
información. Las redes difunden, divulgan, esparcen, no persuaden ni
convencen.
Nuevamente la reflexión: Armenta se fue por el contacto cara
a cara. A ras de piso se puso a sumar adeptos. ¿Quiénes de los aspirantes
tienen piso, roce con la gente, buena fama? No
confundamos: el poder da medios, marco, reflectores, pero todo eso es
artificial. Cualquier liderazgo, para ser real, se construye de abajo para
arriba, nunca de arriba para abajo.
La adulación de hoy es la traición de mañana. En política,
ya se sabe, los amigos son falsos, los enemigos son reales. De arriba para abajo se edifican directores,
gerencias, influyentes, nunca liderazgos. Véanse en el espejo armentiano.
Morena tiene que pensar en esto, o el PAN le come el
mandado. Este partido tiene todo por ganar y nada que perder. A su favor la
crítica, un listado de errores, alternativas, hombres, una ciudad capital hecha
trizas por donde se le vea.
¿No tiene hombres Morena? Claro que los tiene, déjenlos
construir su camino. Busquen experiencia, buena fama, cartas credenciales.
Citemos nombres al azar: Luis Antonio Godina, Alberto Jiménez Merino, Silvia
Tanús, Joaquín Espidio. Pero sin cargo y
con cualidades potenciales, aptitud, experiencia y capacidad son muchos,
muchísimos, de todos los estratos y corrientes. Dénle oportunidad a las ideas,
a la imaginación, a la actitud.
La lealtad sola, sin capacidad ni hoja de servicios sólo
ocupa un puesto. Eso a la gente no le dice nada.
Es tiempo de probar la experiencia, la imaginación, el
talento y las ideas, no de improvisar o inventar. Juárez no le tuvo temor al
talento ajeno, aunque fuera superior al suyo. El líder era él, la cabeza y el
responsable de las decisiones.
Múltiples fuerzas se mueven por las posiciones. Desde fuera
vemos una marea multicolor, abigarrada, no necesariamente de calidad, pero
todos compiten. Hay corrientes del mismo morenismo -seamos honestos: con más
oportunismo que sedimento ideológico, más buscapuestos que convicción o causas-
y todos levantan la mano.
Están los seguidores del exgobernador Sergio Salomón, a
quien por cierto el tiempo le da un sitio respetable porque supo actuar con
ponderación, prudencia y respeto; están la corriente de Nacho Mier, la de
Olivia Salomón, la que se cobija en la figura presidencial, la izquierda
ortodoxa poblana sin voz y más bien acomodaticia, sumisa y anulada.
Pero todo esto es una parte del universo, no es todo el
universo. Hoy nadie es dueño de todo, por más que se ufanen. La misma
presidenta, Claudia Sheinbaum, tiene una aprobación extraordinaria,
indiscutible en el marco nacional e internacional, un envidiable 70 por ciento de aprobación, pero le brinca
como un lunar, como una ancla que la ubica en la realidad un 79 por ciento de
percepción de inseguridad.
Y frente a este escenario crispado, preocupante, brota la
horrenda declaración del presidente municipal José Chedraui, de solicitar un
crédito por 440 millones “para hacer calles” (sic).
¿Cómo? ¿Pues no está pavimentando el gobierno estatal
kilómetros de calles sin pedir préstamos? ¿Habrá duplicidad de recursos? ¿Y los
500 millones de pesos que escamoteó Eduardo Rivera y cuyo destino ni supo ni
pudo investigar Chedraui?
Esto último da entrada a la rumorología de que esa
voluminosa suma que no “aparece” en realidad fue parte de la contribución de
Rivera a la campaña del presidente en funciones. Con estas conjeturas y
sospechas, ¿con qué cara se va a endeudar el ayuntamiento con otros 500
millones a cuenta del bolsillo de los poblanos?
Sólo una observación nada ingenua y que la oposición la
anota en su agenda: esto engorda su programa de campaña; habrá elecciones en
breve.
Ahí se las dejo…
xgt49@yahoo.com.mx
