Mientras México discute la revisión del T-MEC, el mundo dejó de fabricar los mismos automóviles.
La conversación pública se ha concentrado en los aranceles, en las reglas de origen y en las negociaciones entre Washington y la Ciudad de México. Sin embargo, debajo de esa superficie ocurre una transformación mucho más profunda: la industria que convirtió a Puebla en una de las capitales automotrices de América del Norte está cambiando, al mismo tiempo que cambian las reglas del comercio internacional.
Quzá estén de acuerdo conmigo,nunca habían coincidido tantas transformaciones en un espacio temporal tan corto .
La irrupción de China como primera potencia automotriz del mundo; la transición hacia la electromovilidad; la inteligencia artificial aplicada a los procesos de manufactura; la carrera por el control de las baterías y los minerales estratégicos; el regreso de la política industrial estadounidense y, ahora, la revisión anual del T-MEC como instrumento permanente de presión y negociación, certidumbre-incertidumbre..
No son fenómenos independientes. Forman parte de una misma reorganización del poder económico mundial.
Durante
décadas, la ventaja competitiva consistía en producir mejor y más barato.
Hoy eso ya no basta.
Ahora
importa dónd y con quién se produce, qué origen tienen los componentes, qué
energía se utiliza, qué condiciones laborales existen y, sobre todo, si el
territorio ofrece estabilidad suficiente para inversiones que se
amortizan durante veinte años.
Estados Unidos ha dejado claro que el comercio ya no será una política económica aislada. Será una herramienta de seguridad nacional, de competencia tecnológica y de política industrial.
Los datos muestran que esa estrategia comienza a dar resultados:
Entre 2018 y 2025, Estados Unidos concentró cerca del 80 por ciento de la inversión automotriz anunciada en América del Norte, mientras México captó poco más del 12 por ciento.
Como bien apuntan varios columnistas. La decisión de Toyota de trasladar gradualmente la producción de la Tacoma desde Tijuana hacia Texas no constituye un hecho aislado; forma parte de una tendencia más amplia de relocalización impulsada por incentivos, aranceles y certidumbre regulatoria.
Hoy China desplazó a los productores y se posiciona con 35 millones de vehículos al año; Estados Unidos supera los diez millones y Mexico se hunde en del lugar cuarto o quinto, al septimo.
Hay que
entenderlo de una vez por todas:
La
competencia dejó de medirse únicamente entre empresas. Ahora compiten los
ecosistemas industriales completos.
Y eso modifica por completo la posición de Puebla.
Durante
años pensamos que nuestra competencia estaba en Aguascalientes, Guanajuato o
Coahuila.
Hoy la competencia se llama Texas, Tennessee, Carolina del Sur.
Puebla dejó de competir únicamente con otros estados mexicanos; ahora compite con territorios estadounidenses que cuentan con enormes incentivos fiscales, energía abundante, infraestructura de primer nivel y una política industrial coordinada desde la Casa Blanca.
Ése es el nuevo tablero.
Por eso reducir el debate a si Volkswagen o Audi enfrentarán dificultades sería un error. Sus resultados y decisiones no son el problema. Son el termómetro.
La verdadera pregunta es si Puebla comprende la magnitud del cambio que ya comenzó. Porque el riesgo no consiste únicamente en perder una inversión.
El
riesgo consiste en seguir diseñando políticas públicas para una industria que
ya dejó de existir.
(Continuará…)
