Vecinos de las colonias del norte de la capital poblana han lanzado una enérgica alerta ante el incremento de descargas de aguas residuales y residuos de alta toxicidad en la zona de la Barranca El Santuario, un afluente clave que conecta con el sistema hidrológico del Río San Francisco y la cuenca del Alto Atoyac.
El cuerpo de agua, que originalmente debería encauzar los escurrimientos pluviales de la Malinche, se ha convertido en un auténtico drenaje a cielo abierto que exhibe preocupantes tonalidades y fétidos olores.
De acuerdo con reportes de colectivos ambientales y
especialistas universitarios, el problema radica en una peligrosa combinación
de desechos orgánicos domésticos con químicos de origen industrial y
hospitalario. A lo largo de su cauce, es común observar cómo el agua cambia
drásticamente de color debido al vertido ilegal de sustancias químicas y
colorantes, una práctica que evidencia el nulo cumplimiento de las normas
ambientales por parte de talleres y empresas que operan en la clandestinidad o
sin plantas de tratamiento adecuadas.
Un foco de infección
y riesgo sanitario
Investigadores del Decanato de Ingenierías de universidades
locales han advertido repetidamente que el verdadero peligro surge cuando las
aguas urbanas se mezclan con metales pesados y compuestos industriales. Estas
sustancias no solo destruyen la flora y fauna nativa de la barranca —dejando la
vegetación circundante con un alarmante aspecto grisáceo— sino que representan
un riesgo directo de enfermedades crónicas, como el cáncer, para las miles de
familias que habitan en los asentamientos cercanos.
"El bajo caudal durante las épocas de calor agudiza la
transmisión de infecciones a través del viento, pues la toxicidad se evapora y
los microorganismos viajan hacia las viviendas", señalan expertos en salud
pública. Además, existe un riesgo latente de que estos contaminantes se filtren
al subsuelo, alcanzando los acuíferos de los que se extrae agua para consumo
humano.
Autoridades rebasadas
ante el daño ecológico
A pesar de que el sistema de barrancas de Puebla es vital
para la recarga de mantos acuíferos y la regulación de la temperatura en la
zona metropolitana, históricamente han sido utilizadas como basureros
improvisados y salidas de drenaje. En inspecciones previas realizadas en la Barranca
El Santuario, se han llegado a detectar incluso desechos clínicos e
infectocontagiosos, una problemática que las dependencias federales como la
Comisión Nacional del Agua (Conagua) y las autoridades locales no han logrado
mitigar de manera definitiva.
Ante la falta de sanciones contundentes, los habitantes de
la zona exigen auditorías urgentes a las redes de drenaje y una vigilancia
estricta a los corredores comerciales e industriales colindantes. Mientras la
intervención gubernamental se posterga, la Barranca El Santuario sigue
agonizando bajo un flujo constante de químicos, transformándose de un corredor
ecológico a una de las amenazas ambientales más severas del norte de la ciudad.
