Despegarse de uno mismo, desear ir más y más adentro de uno mismo
Y todos buscan el poder hacer un cambio en la sociedad, una
letra que los cambie de forma de pensar, por una canción, la generación de una
ley, por dirigir una película, por el libreto de un cortometraje, una estrella
de la música, la lucha incansable de la búsqueda del legado y con esto la
inmortalidad del nombre.
¿Cuántos recuerdan a Francisco Escobedo, Tamiro Miceneo o Catalina Guzmán, o tal vez
John Silver, Gregorio Samsa o Raskolnikov? De la realidad a las ficciones, en
donde se busca la identidad, de un proyecto que detone la carrera personal del
aprendiz, a cocinero, a ingeniero, arquitecto y mil profesiones, en donde la
insatisfacción se luce porque todos buscan el reflejo del dinero como muestra
del éxito, ese mercado que todo lo compra o lo rechaza, y no es que sea malo,
solo en ese mercado no pudo evolucionar como vivieron Rulfo o Van Goh; la
plenitud no siempre se alcanza en vida.
¿En realidad un amante del arte busca ser famoso o ser
millonario?
La gente de gran talento solo hace y el recurso llega por
añadidura, los hay quienes son mercaderes del arte, hasta que se dan cuenta que
el mecenas fue timado, pero en muchos pasajes en el tiempo estos financiadores
del arte lograron que sobreviviera sin condición, pero sus creencias y miedos
llegan a ser parte de esta muestra.
Existen, quienes sufren por no lograr esa perfección,
vuelven a los libros, vuelven a los pensamientos de juventud y solo terminan
siendo el reflejo de las palabras ajenas, extrañas sin que esto describa su
sentir y no encuentre identidad en el presente y futuro.
Quien busca el éxito debe desprenderse de pensamientos
pasados y generar uno propio, de vida, muerte, éxito, amor, dolor, suspiros y
añoranzas.
¿Esperanza sin inspiración mortuoria?
