La carrera por 2027 en Puebla dejó de ser una sospecha. No empezó ahora. Comenzó hace al menos un año y se aceleró con claridad en los últimos seis meses.
Todos lo vimos, grandes espectaculares con la cara de los adelantados, supuestamente sustentados en entrevistas. Lo que vemos ahora —giras, mas espectaculares, posicionamientos mediáticos, programas sociales intensificados— responde a una lógica común: instalar nombres antes que proyectos.
El crédito impulsado por el Ayuntamiento encabezado por José Chedraui Budib entra justamente en ese contexto. Formalmente es infraestructura; políticamente, también es narrativa. La obra visible construye presencia y refuerza liderazgo en una etapa donde la visibilidad es el activo principal.
La deuda municipal abre un flanco delicado. Aunque se plantea para acelerar obra, también compromete finanzas futuras justo cuando la competencia política se intensifica. El riesgo es de percepción: cuando la infraestructura coincide con aspiraciones, la línea entre política pública y promoción se vuelve difusa, y el gobierno de José Chedraui Budib tendrá que demostrar que el endeudamiento responde a planeación y no a posicionamiento.
Pero el fenómeno no es exclusivo del ámbito municipal.
Desde el gobierno estatal, distintos perfiles han incrementado actividad territorial: el coordinador de gabinete José Luis García Parra, el secretario de Gobernación Samuel Aguilar Pala y la titular de Desarrollo Social Laura Artemisa García Chávez. A ellos se suman figuras con proyección política como Olivia Salomón Vibaldo, Rodrigo Abdala Dartigues, Ignacio Mier Velazco y hasta el exgobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina.
Del lado opositor, la dinámica tampoco se detiene. Mario Riestra Piña incrementa presencia crítica; Eduardo Rivera Pérez mantiene estructura activa; y Blanca Alcalá Ruiz vuelve a mencionarse como opción competitiva. La precampaña es transversal y nadie quiere llegar tarde.
El trasfondo es el mismo: el “conocismo”. No se compite todavía por propuestas, sino por reconocimiento. El objetivo inmediato es simple: que el electorado identifique nombre y rostro.
El riesgo es evidente. Cuando todos buscan ser conocidos al mismo tiempo:
la exposición se vuelve ruido
la narrativa se diluye
ningún perfil se consolida
el electorado se satura.
Paradójicamente, el exceso de promoción reduce su efectividad.
Este escenario se cruza con un factor nacional que puede alterar el tablero: el arribo de Citlalli Hernández Mora a la Comisión Nacional de Elecciones de Morena. La pregunta no es menor: ¿pesarán realmente los gobernadores en la definición o la decisión será centralizada? La respuesta incide directamente en la urgencia de posicionamientos. Si la decisión se concentra arriba, algunos actores buscan llegar con presencia previa; si el peso territorial influye, la construcción local cobra mayor sentido.
En ambos casos, la aceleración actual refleja una competencia anticipada por no quedar fuera de la conversación.
Además, la propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha insistido en evitar campañas anticipadas y privilegiar el trabajo institucional. Sin embargo, la dinámica territorial parece seguir su propia lógica.
El problema no es que los aspirantes se muevan. Eso es natural, la antįtesis de la relgla del pasado es la regla de hoy.
El problema es que mientras la competencia se reduce a instalar nombres, el debate público se empobrece.
Puebla corre el riesgo de una sucesión donde el electorado identifique rostros, pero no proyectos. Una precampaña larga que prioriza visibilidad sobre contenido y posicionamiento sobre definición programática.
Como colofón, se suma un elemento adicional: los ajustes en el área de comunicación del gobierno estatal tras la salida de Claudia Hernández. La expectativa ahora gira en torno a quién asumirá la responsabilidad y si se corrige la percepción del trabajo gubernamental de frente a oa ciudadanįa.
La comunicación, en un momento dominado por el “conocismo”, no es un asunto menor: puede potenciar o diluir cualquier posicionamiento.
Entre deuda municipal, giras territoriales, señales nacionales y ajustes internos, la política poblana confirma lo evidente: la elección de 2027 ya está en marcha. Pero aún falta lo esencial. No quién es más conocido, sino quién logra convertir ese conocimiento en liderazgo real.
