Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible, son los retos del ODS 2 de la Agenda 2030. A poco más de 4 años de cumplirse el plazo, el hambre cero está muy lejos de ser una realidad.
En un reciente informe publicado por un consorcio que incluye a la ONU, la Unión Europea y ONG, concluye que en el mundo, el hambre aguda se ha duplicado en una década, con dos hambrunas declaradas el año pasado, un hecho sin precedentes en la historia.
Por séptimo año consecutivo, las crisis alimentarias y la malnutrición se mantuvieron en niveles dramáticos en 2025, concentradas en un pequeño grupo de países.
Según la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias, diez países —Afganistán, Bangladesh, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen— albergan a dos tercios de las personas que sufren hambre aguda. Entre ellos, Afganistán, Sudán del Sur, Sudán y Yemen registran las peores crisis, tanto en términos de proporción como de número total de personas afectadas.
El Sistema de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC) identificó hambrunas en 2025 en Gaza y en ciertas regiones de Sudán, algo inédito desde el inicio de estos informes. Esta situación subraya el agravamiento del hambre y la malnutrición, causadas principalmente por conflictos, restricciones al acceso humanitario y desplazamientos forzados.
En total, 266 millones de personas en 47 países sufrieron inseguridad alimentaria aguda el año pasado, casi el 23% de la población analizada. Esta proporción es ligeramente superior a la del año anterior y casi el doble que en 2016.
La gravedad del hambre alcanzó su segundo nivel más alto de la historia, con un número de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) nueve veces superior al de 2016.
El informe advierte que la inseguridad alimentaria aguda seguirá siendo crítica en 2026, agravada por conflictos, la variabilidad climática y la incertidumbre económica global, especialmente los riesgos en los mercados alimentarios.
El informe alerta sobre los efectos inmediatos en la seguridad alimentaria en Oriente Medio, el Caribe o las islas del Pacífico, donde la dependencia de las importaciones de alimentos agrava la vulnerabilidad de las poblaciones ante el aumento de los costos de energía y logística.
Ante crisis alimentarias cada vez más concentradas, la ONU y la UE llaman a fortalecer las inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes, la adaptación al cambio climático y las oportunidades económicas rurales.
También insisten en la importancia de reforzar los sistemas de alerta temprana y garantizar acciones anticipatorias.
La prevención del hambre requiere acceso humanitario seguro, respeto al derecho internacional y un compromiso político reforzado para combatir el hambre relacionada con los conflictos.
Las guerras siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, sin embargo, la guerra de Oriente Medio amenaza con extenderla por países que no están en conflicto.
La crisis alimentaria se suma a una serie de
situaciones, como la pobreza, la crisis hídrica y la desigualdad que ponen en
jaque a un mundo cada vez más global y tecnológico, pero que no encuentra la
manera de poder solucionar la crisis del desarrollo humano que, independiente
del sistema dominante, sigue siendo la gran deuda social.
Nos leemos en la próxima, gracias por su lectura y sus comentarios.
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